Sus cuerpos se unían entre sabanas blancas de seda suave, leves quejidos que ahogaban el silencio.
De un golpe lo hacen despertar; todo el cuarto, la cama, la mujer se esfuma entre neblinas de pensamientos y realidades.
Al abrir los ojos el contempla a un hombre de uniforme azul.
_ he he mugroso _ Aquí no se puede dormir.
El cubierto de harapos y cara barbuda se levanta para perderse murmurando
_es temprano
_ volveré más tarde a soñar contigo Marisol.
Por: Gonzalez de la Cruz Amador.
De la serie de cuentos vagabundos

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